7. Corrupción
CORRUPCION
Prólogo
El mundo —o mejor dicho «la
sociedad»— atraviesa la peor crisis de su existencia: el modelo simplemente no
funciona y las implicaciones son preocupantes en vista de que se percibe con
claridad la existencia de intenciones ocultas de unos contra otros.
La corrupción inunda todo el
sistema, la economía se sostiene por actividades ilegales que la proveen y
alimentan de recursos que se distribuyen desde las más altas esferas del poder
hasta el más miserable integrante del esquema productivo.
En este esquema, los más
vivarachos hacen de las suyas. Una cola de involucrados muy grande y de mucha
influencia que protege —para que sus malandrinadas no puedan ser
evidenciadas— una estructura dinámica que, al haber indicios que comprometan
algún interés, siempre derivara al tonto útil a quien responsabilizará
directamente
En esta obra se sacará a la luz
una verdad oculta que afecta a millones de ciudadanos y enriquece a los más
miserables corruptos políticos y empresarios integrantes del sistema. Aquí
incluso hasta los banqueros son cómplices de esta seudo mafia del tercer mundo.
Es indignante conocer cómo actúan
los servidores del estado, aquellos que, por llegar a ocupar una posición, se
rasgan las vestiduras con tal de convencer y, una vez posesionados, no hacen
otra cosa que robar. Una indignante forma de actuar para permanecer amparados y
protegidos por todo el sistema jurídico y la fuerza pública.
Lógicamente se abordarán los
«procedimientos» y los sectores en los cuales se lleva a efecto las
actividades, así como la forma en que lo hacen, pero no se tomarán ni nombres
ni referencias directas, ya que, como se cita anteriormente, se trata de una mafia
que incorpora todo el aparato jurídico legal, mancillando la esencia misma del
estado soberano.
Hay muchos que han denunciado
esto, pero jamás han logrado detallar el proceso seguido y, menos, sustentar
sus afirmaciones. Algunos encontraron su oportunidad a cambio de su silencio y
otros fueron silenciados.
Introducción
En nuestro medio, la modernidad
trae consigo la pérdida de principios y valores a través de la inclusión de
prácticas deplorables, encaminadas al alcance de objetivos individuales. Hablar
de que aquellos llamados a cuidar y administrar los recursos sagrados del
estado cumplan con su propósito, ahora es simplemente un «mito»; hace mucho
tiempo atrás que aquellos «llamados» tenían el honor de ocupar una posición
representativa y realizar con honestidad su función. Ahora eso es cosa del
pasado, en el presente solo se encuentran miserables mal convencidos de su
grandeza; bipolares que, por delante como gallos de pelea que pisan sobre
huevos, trasmiten una imagen prepotente santidad y honestidad.
La verdad es desagradable, qué
triste que se haya caído tan bajo y que se pretenda continuar con estas
prácticas solo con fines personales, sin importar que millones sufran las
consecuencias de ser gobernados por lo más bajo de la escala humana. Estas personas
simplemente no deberían ser consideradas.
A su vez, la ignorancia y el miedo
provocan que los más avivados los esclavicen y sometan a sus intereses
mezquinos. Es fácil darse cuenta de la prepotencia indiscriminada de todo aquel
que representa una posición de autoridad. Esta condición solo deja ver lo bajo
que caen estas autoridades.
El reconocer la realidad en la que
vivimos nos hace libre. Así las condiciones sean totalmente adversas jamás
debemos dejar de ver las cosas con claridad y actuar para alcanzar su
regularización.
Cerrar los ojos ante la ilegalidad
solo la faculta para que se venga en contra de nosotros y nos someta. Al ser
claro en la luz de verdad —y no temer—
te permitirá poner un alto a cualquier intención de sometimiento que se intente.
Lejos de lo que se puede pensar,
la acumulación ilegal de riqueza debería dar vergüenza a quien lo realice, no
es para nada una virtud el robar y, a través de esto, acumular poder para ser
reconocido como exitoso. El origen de los recursos marca a quien los posee.
CAPITULO 1: Antología de la Corrupción
¿Qué es «corrupción»?, se entiende
como: « [...] Acción efecto de corromper. Alteración o vicio en un libro o
escrito. Fig. Vicio o abuso introducido en las cosas no materiales» (1)
Es un «vicio» aplicado a la manipulación
de la Ley para fines o intenciones puramente personales, que es justamente lo
que hacen quienes realizan actividades de servicio en el sector público y
privado, en un análisis nada más que «macro» del aparato productivo.
Insólito resulta observar la forma de obtener una fortuna sin merecerla en diferentes niveles de responsabilidad; a cambio de ni siquiera un minuto de trabajo verdadero, estas son
las facilidades que producen las nominaciones, gente no preparada que accede a
posiciones laborales que, en lugar de realizar una tarea, solo se inclinan a
beneficiarse de cuanta regalía puedan.
En el sector privado sucede algo
similar, aquí se aplica formulas suigeneris, que justifican la tenencia
del recurso a través de actividades de producción que, si bien pueden ser
legales, están financiadas con recursos provenientes de lavado de activos. Más
adelante se conversará sobre cuál es el verdadero origen de los recursos que
sostienen las empresas privadas y cómo estas se atan al sector público, siendo
las prácticas de participación de prebendas a funcionarios regulares la
metodología utilizada para justificar lo ilícito.
El «apropiarse
de lo que no es suyo» es y ha sido una condición
humana desde siempre. Ricos y pobres en su momento han procedido por este
camino. Esta acción innata a la condición humana no es un valor lógico y, por
el contrario, debería estar a la vista de todos. No podría —bajo ninguna
circunstancia— ser calificado para una posición de autoridad quien se incline
por este tipo de condición. Por lo tanto, la ley necesita ser reescrita cuantas
veces requiera hasta asegurarse de no ser vulnerable.
La memoria del hombre es muy
volátil, siempre olvida por conveniencia ciertas acciones indignantes, más aún,
cuando de por medio está el dinero.
Pero no solo a nivel de autoridad
se presenta esta condición, es triste pensar que es una herramienta que se usa
hasta en el núcleo mismo de la familia. ¡Cuántas personas son esclavas de esta
condición!, y sostienen su modus vivendi enmarcado en acciones inmundas
que confunden con procedimientos rutinarios. ¡Cuántos padres de familia
obtienen como pago de su trabajo dineros mal habidos!
La sociedad humana en general es
decadente, por más que se trate de ocultar o disimular, la economía es
sostenida por dineros mal habidos provenientes de la inmundicia de actividades
productivas prohibitivas.
Las acciones inhumanas (2) también
están dentro de las consideradas como «corrupción» y presentes en todo el
esquema laboral tanto público como privado. El proceder que la autoridad otorga
en su trato al personal, quienes son vistos como «seres inferiores» (3), es el
explotarlos a cambio de la oportunidad de trabajar.
La verdad es más oscura de lo que
alguien podría imaginar, las bases financieras de la economía provienen del
blanqueamiento (4) de capitales de actividades ilegales. Una verdad dura pero
real, es por esto que se encuentra totalmente cubierta por el esquema legal, el
cual —como siempre—, rinde su estructura a cambio de dinero.
Todo se podrá decir, pero las
cosas son inversas a cómo deberían ser; es por eso que los negocios grandes
tienden a florecer milagrosamente, mientras que los pequeños son condenados al
abismo del infierno (la quiebra) creado para
manipular a las personas honestas y de buen vivir que no se prestan a estos
juegos ilícitos. Por ello se explica la razón por la que las autoridades no
temen y proceden prepotentemente en sus propósitos equivocados y mezquinos.
Este es el sistema que rige a
nuestra sociedad, un sistema defectuoso que favorece a muchos mal intencionados
y combate duramente a quienes pretenden dar lo mejor de sí con todo su
esfuerzo.
Está claro que quien se beneficia
con el sistema tenderá a defenderlo y llenarse de orgullo de ser parte del
mismo; mientras que los que son afectados son convertidos en parias o delincuentes,
sometidos a la humillación y al desprecio que sea posible de aplicar.
Siendo el sistema el que apadrina
(5) toda la deforme estructura de servicio, el propender salir de este sería lo
más honorable y verdadero que se debería realizar y no continuar pretendiendo
ser parte del mismo. Es una cuestión de honor.
Lamentablemente, el salir del
sistema involucra también una desconexión (6) que muy pocos están dispuestos a
realizar, aún a pesar de ser víctima del mismo. Por tanto, cuando el sistema
tiende a abusar de los derechos de las personas, la opinión general debería
considerar a estas no como parias de la sociedad, sino como dignas de
reconocimiento y respeto.
El objetivo de esta obra no es el
motivar a abandonar el sistema, sino es dar a conocer el grado de decadencia de
la estructura que rige el diario convivir de las sociedades y de las personas
que lo hacen funcionar; así como también de los avivados (7) que sacan provecho
del mismo.
No es exagerado mencionar que muy
difícilmente existen empresas cuyo músculo financiero no provenga de
actividades ilegales, pues, nacen de la tenencia del recurso y crean las
actividades de producción para justificar el origen de estos, siendo el inverso
de lo que un negocio honorable y sacrificado realiza día a día. Esto es un
secreto a voces que nadie se atreve a confrontar, pues, quienes son parte de
estos, ya sea por propiedad o por dependencia, no gustan que se conozca la
naturaleza de sus actividades.
Hablar de «corrupción» es traer a
colación un tema extenso con demasiadas variables debido a la magnitud de
implicaciones que abarca y la magnitud también de involucrados que aglutina.
Por tanto, el tema y la problemática de la corrupción se tratará en capítulos
posteriores, pues, es necesario hacerlo en detalle.
Es importante saber a quién nos
referimos cuando hablamos de «corrupto», siendo aquel que se deja pervertir. Es
entonces la antesala de un pervertido de la alteración de la ley y un
especialista en corromper la ley.
Una persona común se forma para
ser «corrupto», esto quiere decir que en el transcurso de su vida la sociedad
misma —a través de las prácticas continuas— lo moldea para este fin. Hay muchas
prácticas aceptadas como normales, tradicionales y, lo peor, formales.
Es un atentado a la honorabilidad
de una sociedad ver cómo las nuevas generaciones adoptan procedimientos
torcidos como válidos, el fin de la racionalidad de un sistema. Qué triste es
observar cómo las personas inteligentes y de bien sucumben ante la prepotencia
de los ignorantes agrandados que se creen filósofos de la verdad.
Aunque no se trata de identificar
culpables, sí es necesario identificar las causas de la culpabilidad, el origen
del mal; ya que la «corrupción» en si es una enfermedad psicológica adoptada
por voluntad propia y por falta de discernimiento.
La enfermedad social más grande
que jamás se pudo haber concebido, un producto de la involución y el egoísmo
del hombre, siendo todos participes de una u otra forma, debido a la necesidad
de permanencia y seguridad económica.
La raíz de la corrupción está en
los procesos de formación de las nuevas generaciones, así se asegura su
continuidad y perpetuidad, lo cual es algo muy claro de identificar a través
del tiempo y los relevos generacionales, siendo cada relevo un recambio
potencial al crecimiento y proliferación de la corrupción, mediante los nuevos
agentes que están mentalizados a dar rienda suelta a sus mezquinos intereses a
costa de quien sea. El método es destruir a quien pueda y, claro, a quien se
deje.
El estereotipo del corrupto es
fácil de apreciar, pues, se lo puede ver en todas las dependencias del estado,
alardeando de una falsa honestidad y ensimismado de una fuerte prepotencia que
lo ha trasformado de servidor a miembro de una seudo casta privilegiada.
También se puede apreciar en el
sector privado, donde el dueño del negocio es —por poco decirlo— un verdadero
patrón de hacienda que se cree en la calidad de «dios de las almas
esclavizadas», a quienes da trabajo; rodeado de viles capataces y/o «payasos de
corte-bufón» que hacen las delicias del dueño.
Lamentablemente las prácticas de
prostitución voluntaria que llevan muchas mujeres en las empresas, a cambio de
dinero y mantenimiento laboral, es también fruto de la «corrupción». Entregan
su cuerpo al deleite de los patronos dueños de la empresa y a los «payasos de
corte-bufón». Esto es absolutamente denigrante pero real, es una práctica
«generalizada» y, quien no se presta a esta se ve en la obligación de abandonar
su lugar de trabajo para que alguien que sí lo haga ocupe la plaza.
Por tanto, un corrupto ya llega
formado a la vida productiva, es decir, ya viene contaminado y se plasma o
mimetiza rápidamente en el sistema, pasando a rumiar (8) en busca de una
oportunidad para participar. Estas oportunidades son los repartos y coimas.
Es importante mencionar que un
«corrupto» no conoce de su condición, pues, para él es la forma de proceder,
por lo que se esfuerza por hacer el mejor trabajo que pueda y más. Se encuentra
dispuesto a sacrificar todo el tiempo que sea a cambio de realizar sus
objetivos. Al no conocer su condición no entiende lo que en realidad está
haciendo y, cuando es confrontado, argumenta sorpresa y se siente realmente
afectado, asumiendo de inmediato una posición de «víctima».
Hacer frente a una persona
«corrupta» es una obligación, aun cuando no es adecuado, pues, al estar todo el
sistema corrompido, no habrá manera de obtener razón a favor solo se puede esperar fuertes reacciones en
contra de parte de todo el aparato contaminado, incluso haciendo uso de
una falsa ley para proteger sus intereses.
Al hablar de un «corrupto» en realidad se habla de solo una muestra
de la población activa, si usted pertenece a esta y no se ha percatado de cómo
funciona el sistema, este libro le romperá su línea de pensamiento y lo llevará
—espero— al arrepentimiento y la corrección. Es importante que configure su
forma de pensar, esto lo hará entrar a un grupo que sí ven claramente la
descomposición del sistema y lo confrontan, sosteniéndose como verdaderas
personas honorables y libres de contaminación, algo extremadamente difícil en
la actualidad.
Los principios y valores son
ciencias esotéricas para los integrantes del grupo corrompido de la sociedad,
son sus acciones las que los califican como seres repugnantes y los condenan en
base a la verdadera justicia que sí existe aun cuando se pretenda desconocerla.
Son seres repugnantes y libres de
misericordia, a menos que rectifiquen su actuar. Por supuesto que podrían optar
por rectificar su actuar, pero no lo van a hacer, pues, más puede lo torcido
que lo correcto ¿no?
En fin, hablar de que este «Mal»
sea superado es algo que está fuera del alcance de cualquier bien interesado,
no hay forma de corregirlo ya que es más fácil ser dañado que ser correcto. El
ser dañado trae recompensas económicas, mientras que el ser correcto le trae
desprecio y humillación.
Lastimosamente también el núcleo
familiar de un corrupto es afectado por su esencia, tanto su esposa como sus
propios hijos se ven sometidos a su nobleza torcida y honor falso, al llenarse
la boca de frases pomposas y actuar continuo denigrante, va minando poco a poco
la estructura vital de su hogar. Ya sea el padre o la madre el corrupto —o
ambos— este hogar está condenado a la destrucción, algo que lamentablemente ni
a uno ni a otro parece afectar o preocupar en lo más mínimo.
Puede sonar no creíble, pero esto
es la realidad, la corrupción está enraizada en cada persona integrante de la
sociedad, es a través de esta que, a su vez, obtienen los recursos monetarios
necesarios y sobre necesarios para poder vivir. Algo muy penoso y difícil de
comprender en su verdadera envergadura.
También es necesario poner bajo el
foco al papel que juegan los miembros de control, aquellos llamados a prever
por la seguridad de las personas y el cumplimiento de la ley. Estos amparados
en representar a la ley son verdaderos delincuentes que, a la vista general —y
sin que les importe— actúan sustrayendo de cualquier manera los dineros de la
gente en general, bajo el dicho conocido de que «ladrón que roba a ladrón tiene
mil años de perdón». Claro, son conscientes del grado de descomposición de la
sociedad y, pues, están solo reteniendo dinero de aquellos miserables que roban
indiscriminadamente.
¿De qué sirve entonces mantener a
este tipo de elementos?, pues, de nada, se han convertido en acosadores e
intimidadores que —a plena vista— actúan sin el más mínimo grado de vergüenza.
Todos pueden darse cuenta de esto, ¡está delante de nuestros ojos!
Las actividades ilegales han
encontrado su mejor nicho de operación en la empresa, pues, son quienes dan la
facilidad monetaria para que los negocios realicen su operación productiva a
cambio —claro— de que los dineros mal habidos invertidos retornen al sistema
financiero totalmente blanqueados y justificados. Ahora, por ejemplo, los más
grandes narcotraficantes son los mayores empresarios en todo el mundo, no solo
a nivel de Latinoamérica.
Un corrupto actúa en base a su
formación, no conoce otra manera de proceder y por eso no se considera
corrupto, más hay algo que sí debería hacerle caer en cuenta de lo que es: se
trata del daño que su gestión produce a otras personas inocentes, aun cuando
esto no es de su interés, pues, su personalidad claramente enferma no regresa a
ver a nadie y mucho menos se detiene a pensar ni por un minuto en otras
personas que no sean él.
Muchos miserables con esta
patología ocupan en la actualidad posiciones laborales tanto en el sector
público como en el privado, se trata de una situación de alta complejidad que,
por supuesto, arrastra el desarrollo de un país y sumerge el futuro de este en
el pantano del subdesarrollo.
Es conocido que el tercer mundo
está plagado de personas con serios problemas psicológicos que les impide ser
de utilidad alguna, lamentablemente el fantasma del tercer mundo —en un esquema
globalizado— permite que estos se mimeticen y desaparezcan su presencia, como
una plaga que se mantiene oculta haciendo lo que sabe hacer: que es destruir y lucrar en su beneficio.
Para que esto funcione, como en
todo, se utiliza en primer lugar a personal realmente valioso, quienes
construyan las relaciones comerciales y establezcan todo el andamiaje
procedimental que permita las debidas calificaciones. Una vez realizado esto,
se deshacen del personal valioso y dan paso inmediatamente a las hordas de
miserables que ocuparan posiciones laborales que no les corresponden. Es como
una enfermedad, un cáncer que destruye las células valiosas y, en su lugar,
coloca células enfermas para que continúen con su proceso destructivo.
Es deprimente abordar estos temas,
pero es necesario sacar a la luz la realidad, con la esperanza de que se dé el
milagro esperado que produzca una verdadera purificación del sistema actual.
Si tú eres un profesional, titulado o no, que actualmente ocupas posiciones laborales y te prestas a estos procedimientos equivocados, déjame decirte que eres un «corrupto» más.
CAPITULO 2: El
sector público
El trabajar para una organización
o dependencia del estado debe ser considerado como un «honor» y no debería ser
permitido que ingrese cualquier persona, sino quien realmente sea honorable y
útil al propósito de su servicio laboral.
El ejercicio laboral a una entidad
estatal debería incluso no ser remunerado, así se empezaría a cernir a los
típicos oportunistas de los profesionales que realmente están interesados en
cumplir con un servicio honorifico. De esta manera también se reconocería la
importancia de ser un «dignatario» y al alto honor que esto significa.
No es posible que se ponga los
intereses del estado en manos de seudo delincuentes y personas de dudoso
proceder. Es incomprensible que se juegue con los intereses sagrados de la
patria, es una irresponsabilidad, un atropello y una violación de lo más
sagrado.
La corrupción en el sector público
esta apropiada en su totalidad, es una enfermedad que se ha tomado el cuerpo y
se mantiene únicamente por los beneficios que proporciona a las hordas de
murciélagos que de ella se alimentan.
La metodología de gestión de los
corruptos está establecida a través de cadenas de beneficios y participaciones
vincula al servidor, quien debe pagar por la posición que pretende desempeñar,
valores que se direccionan al bolsillo del más vivo del escalafón. Para esto se
tiene ya establecido hasta la tabla de amortización de los pagos que deberá
realizar desde el abono inicial previo a su contratación y los pagos mensuales
a debitar de su rol.
Así comienza el servidor a laborar
para el estado, esto también es un método conocido por todos, pero que las
autoridades de control prefieren pasar por alto. No ahondaré mucho en procesos
y procedimientos, lo importante es la descripción de las acciones.
CAPITULO 3: Cadenas de beneficiarios
Está claro que el sueldo del
servidor está comprometido ya y, por tanto, este debe ver cómo subsistir y,
claro, pagar su hipoteca y el auto de concesionario que adquirió. Por ello
empieza a ver cómo puede hacerse de recursos en el abanico de oportunidades que
existen a través de la contratación pública, lo cual le lleva a comprometer su
apoyo en todos los procesos irregulares que se presenten, ya que allí contará
con un porcentaje de los sobreprecios que se apliquen en perjuicio del estado y
beneficio, tanto de la cadena de beneficiarios (CB) (1) y el contratista
externo.
La CB está establecida, va desde
lo más alto del aparato gubernamental recorriendo todo el escalafón de mando
hasta llegar al servidor necesitado, los porcentajes de participación también
están establecidos y, como en todo, el más alto escalafón llevará más y menos
conforme a los niveles de jerarquía que existan.
Este es un modus operandi
que no es nuevo lamentablemente; ha existido desde hace mucho tiempo, pero
nunca ha sido tan activo como lo es hoy en día. Este incremento de actividad se
debe, en gran medida, al tipo de elementos seudo profesionales con que se cuenta
y sus apetencias económicas.
Como todo esto se desarrolla en un
ambiente de hermetismo —debido a los actos ilícitos en proceso— la mayoría de
ciudadanos desconoce de los mismos; solo se da a conocer el título del proceso
de contratación/negociación o lo que sea que se maneja y nada más. Eso es toda
la rendición de cuentas que estos miserables realizan, pero esto no es ni la
punta del iceberg de ilegalidad que manejan.
Dentro de cada negociación
contractual que se lleva a cabo, los encargados justifican paso por paso
conforme dicta el reglamento, armando la pantomima procedimental, a fin de dar
a conocer la «transparencia» de sus procedimientos; pero realmente ya todo está
organizado desde antes de la convocatoria al concurso. Previo a esto se
estructuran todos los aspectos de beneficio que se han de manejar, dejando por
fuera acuerdos y participaciones. Una vez que se haya cumplido previa y
externamente con los requisitos, se le permitirá al ganador ingresar al
proceso.
Todo esto es de conocimiento de los
contratistas participantes, lamentablemente estos deben guardar
confidencialidad por su interés de continuar en futuras licitaciones; por
tanto, son pasados por alto cuantas veces se presenten hasta que logren cubrir los intereses monetarios
adicionales requeridos.
La estructura seguida en los procesos de licitación, como cumple
supuestamente con todo lo normado, no despierta dudas
sobre su legalidad, pero al haber previamente realizado ya el proceso de
calificación y la atención de requerimientos, muy difícilmente se puede
detectar cualquier anomalía. Para esto se debe realizar la investigación sobre
todos los miembros del proceso de calificación: desde la persona del archivo
hasta el eslabón más alto de la estructura gubernamental. Por lo general, es a
nivel financiero donde se puede detectar ingresos injustificados, analizando
las cuentas personales y familiares, donde —comúnmente— se encontrarán valores
por justificar. Otro aspecto importante que puede ayudar a detectar anomalías,
es el observar el estilo de vida de la persona y los activos que este posee,
realizando —claro está— un cruce al poder adquisitivo de su modesto ingreso
salarial.
CAPITULO 4: Extensión de beneficiarios
Como se podrá observar, siempre
existe el riesgo para el comité corrupto de que en algún momento se levanten
investigaciones de control sobre determinadas contrataciones, algo que debe ser
tomado en cuenta previamente para garantizarse las debidas seguridades. Para
esto se identifican funcionarios de las unidades de control que podrían
realizar las revisiones y se les hace parte de la cadena de beneficiarios,
fácil y seguro.
Estos pasarían a ser parte de la
cadena de beneficiarios «contingentes», una rama lateral de la cadena principal
cuya administración posee su propia estrategia continua, que involucra no
solamente el aspecto económico, sino una serie de cortesías y consideraciones
que tratan de ligar al funcionario a un ambiente amistoso.
De ahí la naturaleza de las
invitaciones y los obsequios, es una compra de conciencias, creando un
conflicto de intereses que somete al funcionario a participar de los ilícitos
cuantas veces se requiera, además de una dependencia de este como un
depositario eventual de ingresos que le vienen a bien.
Vuelvo a insistir, esto es algo
que sucede con normalidad en todo el sector público, sin excepción alguna.
CAPITULO 5: Procesos de reclutamiento
Es claro que para la continuidad
del sistema se debe contar con perfiles de funcionarios que se presten al
mismo, es por esto que los procesos de reclutamiento ya no buscarán al
candidato ideal en lo más mínimo, si no al más hábil en los intereses
requeridos; aquel que esté dispuesto a ceder desde el momento mismo del
ingreso, aportando el valor o abono de compra de la posición y la atención de
lo que llaman «favores» mientras dure su permanencia en la posición. Es decir,
hay que ser necesariamente un «corrupto» para ser el candidato ideal, teniendo
la necesidad suficiente como para fusionarse con las cadenas de beneficiarios
existentes. Esto es lo que se entendería como «vender el alma al diablo».
Esto es revelador, personalmente
no lo conocía hasta hace poco, pues, soy de las generaciones educadas con
valores y principios éticos.
Supongo que en la medida que se va
desenredando el tema, se va despertando el interés y, juntamente con el
asombro, va descubriendo las artimañas e inmundicias practicadas en el día a
día por aquellos que se rasgan las vestiduras en favor de demostrar su
honorabilidad que, por lo general, lo hacen como una estrategia de desvirtuar
la atención sobre sus actos realizados.
Es difícil de creer que esto pase
bajo la mirada de las autoridades de control, es difícil pensar que este
andamiaje de perversión sea el producto del servicio ofrecido por las nuevas
generaciones, es difícil de entender que estos ocupen posiciones laborales
cuando miles de recursos de mejor nivel moral y ético son desplazados a la
desocupación y subocupación.
Ahondando un poco más profundo,
desenterrando los secretos del muerto… el abanico se expande más aun, el sistema
va creciendo paralelamente, tanto del sector público como externamente, pues,
las cadenas de corrupción se expanden y van involucrando más y más individuos
que, por cualquier razón, se convierten en beneficiarios del ilícito.
Por otro lado, se tiene a los
contratistas —sector privado— que deben someterse a un conjunto de exigencias
inmorales que involucran «sobreprecios» que están obligados a facturar, solo
para poder aplicar su oferta. Claro, la gran parte del sobreprecio se destina a
los CB, un considerable porcentaje del sobreprecio y gastos de participación
que se distribuyen, a su vez, en los costos de cortesías necesarias para ser
considerados y poder participar.
El mismo contratista elegido
previamente al concurso, se encarga de realizar el reparto económico del
sobreprecio pactado (bancarizándolo) conforme a las instrucciones recibidas
donde constan las cuentas bancarias y los valores por cuenta. Una vez cubierto por parte del contratista, la oferta es aceptada en
el proceso, pero está ya aprobada.
Como se puede observar aquí, quien
está robando al estado es el contratista, ya que en ninguna parte del proceso
de licitación, ningún funcionario estaría incumpliendo la ley.
Rasgaremos nuestras vestiduras por
la honestidad que nos ampara.
Es sencillo el proceso de
corrupción, no se necesita siquiera ser inteligente para establecer este
orgánico de la fechoría, es por ello que funciona; también considerando el tipo
de elemento laboral con que cuenta el sector público. Las implicaciones del
sector privado serán analizadas en capítulos posteriores.
Gracias a toda esta práctica, el
estado se ve afectado en millones de dólares, que le toca desembolsar
injustamente. El efecto de esto es netamente económico, que se traslada
finalmente al «déficit» público, que acaba pagando cada ciudadano a través de
impuestos, los cuales estarán en carencia de servicios básicos de primera
necesidad.
La pobreza de muchos es gracias a
la inmoralidad de unos pocos.
CAPITULO 6: El sector privado
La empresa privada se diferencia
de la pública por su capital, el cual pertenece a una o más personas, todos
unidos en torno a una actividad productiva que es la razón de su asociación.
Si bien la empresa privada tiene
un gran aporte al desarrollo de la economía del estado en general, dando el
mayor volumen de fuentes de trabajo y, por ende, proveyendo de recursos
monetarios a la mayor parte de la población económicamente activa; es también
su actuar cuestionable el que le da un gran protagonismo en la sociedad.
Comúnmente, estas se prestan a actividades no legales debido a compromisos que
posee de «naturaleza», algo bastante difícil de comprender y que se le
explicará un poco a continuación.
Es importante mencionar que
existen empresas tradicionales y que han estado presentes en el entorno
productivo por muchos años, estas se forjaron por el trabajo diario y
sacrificado, enfrentando las vicisitudes del día a día y los embates de la
variación del mercado, estas merecen un sentido reconocimiento por su aporte
honesto al desarrollo del país.
Ahora bien, en la oferta
productiva existe un sinnúmero de compañías y empresas grandes, medianas y
pequeñas, estas últimas son, por lo general, emprendimientos familiares creados
para contar con una fuente de ingresos; sin embargo, muy pocos logran subsistir
y perpetuarse. Por lo general, tienden a fracasar.
Empresas medianas y grandes logran
subsistir, pero lastimosamente no lo hacen producto de su trabajo, ya que no
son rentables. Por tanto, La empresa privada no está libre de corrupción,
haciendo pequeñas puertas de acceso a los corruptos. Los tiempos donde se
trabajaba duro y con esfuerzo para generar valor a través de la producción ya
son cosa del pasado; ahora las empresas han cambiado su modelo de gestión y la
producción pasó a una segunda dimensión, en la cual se cambia ya el concepto de
producción por justificación de valores.
La producción aún existe, pero solo para justificar una supuesta generación de
recursos a través de la misma. Hábilmente los patronos y directivos de las
empresas, al ver el inminente final de las compañías, proceden a aceptar
recursos provenientes del narcotráfico que les son entregados, a fin de que
estos sean licuados dentro de la empresa y, apalancando las necesidades, se
transforman en ingresos que son inyectados al sistema bancario y devueltos al
prestamista. Así se blanquean los dineros ilegales, una transformación generada
por un hábil maquillaje.
Ahora se puede entender cómo
empresas reportan utilidades en medio de tremendas crisis económicas, atribuyen
su éxito a las habilidades gerenciales de sus directivos y las destrezas
comerciales de sus equipos de gestión.
Por otro lado están los negocios
nuevos que nacen apalancados en fondos provenientes del narcotráfico y que van
creando, en base a estos, capitales, siendo la producción la que justificará la
generación de utilidades y su legalización al sistema financiero, donde los
bancos se convierten en cómplices directos de este blanqueo monetario.
La economía se fortalece a través
de este método, que es una práctica común del sector, es por esto que se logra
establecer un equilibrio de control con los agentes de control, quienes también
se benefician de recursos adicionales a cambio de su silencio.
Esta es la realidad del sistema,
la economía está inundada de recursos ilegales y todo es una licuadora para
justificar su existencia.
Cualquier persona con acceso a
este tipo de financiamiento crea su idea de negocio y, con el capital, lo que
hace es construir la estructura de producción y echar a funcionar la máquina de
lavado. Es bastante fácil hacer un negocio productivo cuando se posee el
músculo financiero desde el principio y se disimula con una gran productividad
y rendimiento. Es como hacer todo desde el final, este tipo de emprendimiento
parte del rendimiento hacia la actividad y dibuja el costo para que todo sea
matemáticamente calculado.
¿No había imaginado que esto
pudiera ser posible? Pues sí, es una realidad y así funciona el sistema
productivo privado.
Pero ¿cómo es posible que los
órganos de control no perciban esta realidad? Pues, porque no les interesa
simplemente perder la válvula por donde obtienen sus ingresos adicionales, como
decía un conocido: «todos tenemos una hipoteca por pagar, mientras exista por
cualquier modo la pagaré».
La corrupción ya es de todos,
somos participes directa o indirectamente, incluso al solo ser observador
silencioso de esta realidad te conviertes en uno más del sistema.
Todos necesitamos una fuente de
ingreso a través de una posición laboral, donde aportemos con nuestro
conocimiento y destreza al desarrollo y éxito a cambio de un salario, más por
nuestra necesidad estamos siendo parte de una actividad ilegal sin saberlo
siquiera. La necesidad es la madre de todos los vicios, pero mientras nos
paguen puntualmente preferimos no pensar mucho. En este mundo de economía
globalizada hace mucho tiempo que el sector empresarial respetable —aquellos
que con justo trabajo generan su rentabilidad— han tenido que ceder ante el
monstruo de la corrupción y hacerse de la vista gorda a fin de poder colocar su
producto en el mercado a través de clientes que sí pertenecen directamente a
esta cadena de ilegalidad, la razón es siempre la misma: «la necesidad» o
trabajo con este cliente o liquido; involucrando a la empresa con las
implicaciones que esto representa.
El dinero es un valor, es como el
aceite que permite que la maquinaria de la industria mundial funcione, ya no se
trata del precio sino de las relaciones comerciales que se llegue a conseguir,
es decir, ya no importa cómo sino el cuánto de ingreso pueda alcanzar.
Hoy en día el problema ya no está
en cómo hacer para obtener ingresos sino en qué estoy haciendo mal para estar
en crisis.
La necesidad compra conciencias,
la conquista del dinero es todo lo que importa, pero hay aún personas honestas
que están en verdadera crisis por no prestarse a esta cadena, por lo que siguen
humillándose por conseguir un trabajo honesto en donde se puedan desempeñar,
sin saber que ya toda fuente de empleo es parte de la cadena de corrupción.
Es un tema ético-moral, el hecho
es que se necesita ser productivo a pesar de todo y, si no lo es, se convierte
en un paria de la sociedad.
Como ya se mencionó anteriormente,
cualquier persona puede ser la cabeza de una importante empresa, no se necesita
tener la experiencia ni el conocimiento, son los contactos con el proveedor de
recursos y su voluntad de ser parte del sistema lo que le catapultara al éxito,
una triste realidad.
La empresa privada crea fuentes de
trabajo, es correcto, pero las condiciones de trabajo son bastante malas debido
a que se trata de obtener el mínimo costo posible a fin de poder justificar la
matemática de rentabilidad que el programa de lavado le permita.
Los emprendimientos honestos
fracasan, la falta de liquidez para poder enfrentar la realidad productiva
honesta es la razón. El sistema bancario los califica como «no sujetos de
crédito» cuando —por esa honestidad productiva— no pueden cubrir sus
obligaciones; caso contrario de lo que sucede con algún miembro de la cadena,
quien no necesita si quiera solicitar crédito, pues, la misma institución se
encarga de otorgar líneas de crédito sin límite.
Todo esto es «corrupción» y
realmente no se puede hacer nada para confrontarla, a menos que no tenga
aprecio por la vida.
Las empresas privadas que son
parte de la cadena prevalecerán, son negocios ganadores mientras mantengan
abierta la válvula de recursos necesarios para alimentar a los órganos de
control; logrando, por tanto, ser efectivas en su propósito, crecerán mucho más
y se perpetuaran.
Las personas empleadas, que puedan
adaptarse a esta realidad, serán exitosas y contaran con su fuente laboral de
por vida, no sufrirán necesidades y pueden incluso ser elegibles para crear su
propio imperio si ese fuera su interés.
Muchos conocen este sistema como
el «bajo mundo», pero no saben que, hace mucho tiempo, este mundo conquistó el
sistema económico mundial y ahora lo alimenta.
La realidad está a la vista, si
usted como yo no se dio cuenta de esto hasta que su mundo se vino abajo, pues,
mi amigo, usted siéntase orgulloso de haber fracasado, pues, es de los pocos
valiosos elementos que la
sociedad ha despreciado y excluido por sus principios y valores. Le han
cerrado todas las puertas y quienes decían ser sus amigos le dieron la espalda
sin razón alguna, ¿verdad?
Esto mismo sucede en el sector
público, o se es parte de la cadena de corrupción o será excluido de la forma
más denigrante posible.
Existen muchas manifestaciones de
corrupción en el sistema, son artimañas encaminadas a lograr hacerse de
recursos de oportunidad, pues, quien no vea la oportunidad, difícilmente podrá
salir de la miseria.
Mi experiencia es el mayor
indicador de la realidad del sistema; soy de los ingenuos que pensaron que el
trabajo duro y honesto es la forma correcta de ser útil a la sociedad y la
manera de obtener el poco ingreso salarial que se ofrece a tipos como yo. Mi
esperanza se sustentó con esta creencia, fue muy duro para mi darme cuenta de
la realidad al descubrir que se me valoró negativamente por justamente pensar
como pienso y hacer las cosas como deben hacerse.
Sacar a la luz esta realidad
incomoda es necesario, pues, no se puede permitir que la inmoralidad de unos
les permita ser exitosos y, lo que es peor, condenar a personas con principios
y valores a la miseria de la desocupación.
Lamentablemente la sociedad está
condenada, ya que sus objetivos son individuales y sin valor alguno. Las
autoridades son parte de esta degeneración, pues, han demostrado que los
objetivos individuales también los gobiernan y, por tal motivo, no cumplen con
sus responsabilidades, enterrando el futuro en un fango profundo que tendrá un
costo inimaginable. Las naciones están siendo condenadas a la miseria, la
pobreza, el subdesarrollo, presa fácil de intereses mezquinos de los más
avivados.
¿A quién le gustaría observar el
futuro y ver a sus descendientes terminar esclavos de sociedades desarrolladas,
realizando tareas denigrantes a cambio de salarios humillantes?, esto es lo que
sucederá en el futuro y ni siquiera los avivados de hoy, aquellos que se benefician
de la cadena de corrupción, podrán evitar la condena de sus descendientes,
pues, el dinero que hoy consiguen se evaporará rápidamente y tarde o temprano
pasarán a ser víctimas de la misma cadena de corrupción que hoy defienden y/o
de la que se benefician.
Es fundamental abrir los ojos a la
realidad, si hoy está siendo parte de esta cadena —por más beneficio que esté
obteniendo— es mejor que se aparte y denuncie a los ilícitos. No los apoye,
confronte al Sistema. El mantenerse en silencio por el beneficio que logra no
será para siempre, tarde o temprano será excluido y condenado a la miseria como
muchos ya lo han sido.
CAPITULO 7: La sociedad
Ya hemos presentado un análisis de
la temática de corrupción, tanto desde el plano institucional como individual.
Tenemos en claro entonces que, quienes lo practican, no solo lo hacen a nivel
profesional en el ámbito laboral, sino que también a nivel personal. Estas
personas son parte de la «moda» y las prácticas de bajos valores que la
sociedad ofrece dentro del ámbito de la modernidad.
Son manzanas podridas que
influencian destructivamente su entorno familiar e inmediato. Lastimosamente
los valores y principios de las personas se han perdido por completo, todos
siguen las tendencias que la fantasía de grandeza les pueda ofrecer, ya que
están atentos a las formas que las personas con dinero utilizan, tratando de
copiarlas sin importarles si este proceder es bueno a malo.
El dinero se ha convertido en el
dios supremo, su poder es ilimitado y es el objetivo de todo ser humano, quien
está dispuesto a hacer cualquier cosa por lograr conseguirlo. En efecto de esta
situación, existen innumerables formas más que hábiles para lograr este fin.
Pensadores que se han dado cuenta
de esta realidad y, la han estudiado detenidamente, coinciden en manifestar que
es algo que va más allá de una práctica motivada por el interés, sino que se
circunscribe a temas de índole genético: las personas se inclinan por la
materialidad y la inmundicia como parte de su programación genética.
En fin, esto es materia de otro
estudio científico, un campo que si bien está relacionada, está por fuera de
los límites del propósito que esta obra abarca: la corrupción y sus
implicaciones en las sociedades.
Se podría, por los registros
histórico, señalar que esto es algo que existe desde siempre, pero es el
volumen de involucrados lo que hace la diferencia en el ámbito actual, ahora es
alarmante observar las cadenas sinfín de la corrupción y los involucrados o
participes que se benefician de estas.
En mi experiencia de vida laboral,
siempre escuché de las prácticas de corrupción de ciertos elementos del sector
productivo, pero nunca me detuve siquiera a imaginar que esto fuera una
práctica común escondida —o cubierta— para beneficio de los involucrados.
Tampoco pensé a profundidad sobre una realidad fuerte y cruda: las acciones en
contra de la corrupción se apagan rápidamente...
Es algo de no creer, la euforia de
las personas indignadas, que se direccionan en acciones de protesta, no
necesitan ser acalladas, pues, se apagan por si solas. Pronto pasa la euforia y
llega el conformismo, al parecer, nadie quiere hacer causa sólida en esto y
puede haber una razón fundamental que motive el silencio y es que a muchos no
les interesa realmente que se generen procesos de investigación porque, de una
forma u otra, pueden salir perjudicados o afectados si se corta la actividad
ilegal.
Esto es lo que hace que los seguidores
de una causa justa terminen por olvidar y dejar que las cosas sigan su cauce
normal.
Es lógico también reconocer que no
se puede luchar solo; «ninguna golondrina hace verano» dice un adagio popular,
pero algo que también es cierto es que si no eres parte de la cadena y eliges
no apoyar un loable propósito por no comprometerte, estás apoyando la
ilegalidad y, al hacerlo, ya eres parte de esta.
En nuestro medio se valora mucho
la paz, es por esto que preferimos mantenernos en nuestra zona de confort, lo
que da camino libre a la proliferación de ilegalidades. Como a nadie parece
afectarle, estaría bien continuar.
La protesta es la voz de alarma de
que algo no está bien y debe ser escuchada detenidamente, provenga de donde
provenga. Es una realidad que, los que están siendo beneficiados por las
cadenas de la corrupción, nunca se atreverían a dar alguna alerta.
El efecto de la corrupción en el
sistema afecta a todos, tarde o temprano aparecen los indicadores de que algo
no está bien, entonces empiezan a rasgarse las vestiduras y comienzan con
cacerías que no son otra cosa que procesos para echar la culpa al menos
indicado. El primero que aparece no está en la cadena de beneficiarios, a este
lo comprometen de todas las formas posibles, incluso hasta agregándoles valores
que no le pertenecen...
Por esto y más, querido lector, te
das cuenta que es una mafia organizada con tentáculos, que ha alcanzado a
penetrar lo más profundo del sistema, una mafia de cuello blanco percudido que
—lamentablemente— goza de la cobertura del gobierno de turno, quien es parte
activa de la maquinaria. No podría ser de otra manera.
Aunque estas revelaciones puedan
parecer demasiado duras, son reales: un sistema corrompido es ya un paciente
agonizante con cáncer diseminado, no hay forma de poder salvarlo, su destino
está ya escrito.
Los no favorecidos serán siempre
los mismos honestos que aún creen que los principios y valores son la forma de
proceder en la vida. No pretendo decir que esto está mal, más bien resalto que
quienes proceden bien serán quienes pagarán las consecuencias, lo cual me lleva
a confrontarme en la paradoja de la «responsabilidad válida» que significa: que
si soy víctima de un sistema corrompido, el cual incluso me ha afectado en todo
sentido y propende destruirme, me da igual el quedarme sentado y esperar el
triste final o el levantarme en contra de la ilegalidad y morir de pie
defendiendo mis principios y valores.
No hay forma en la actualidad en
la que un ciudadano común y corriente pueda influenciar un sistema corrupto. Es
utópico pensar que se puede cambiar por la simple voluntad de hacerlo, el
camino no va por ahí, un sistema corrupto no puede ser cambiado, penosamente
está condenado y debe ser destruido por completo para que, basado en esto, se
cree una nueva estructura legal que no permita la manipulación interesada.
La globalización es el edema a
través del cual se generaliza el contagio. Cada estado debería alcanzar su
propio nivel de desarrollo que le permita ser totalmente autónomo y
autosuficiente. Un estado con ambas características debería permitir el acceso a
un empleo digno a la totalidad de sus ciudadanos, a la salud, a la educación, a
vivienda, alimentación, etc.
Un poco de casuística para
reforzar el entendimiento de la problemática.
Para tener claro el ámbito de
corrupción, la ejemplificación puede ser útil para observar cómo se desarrollan
las diversas prácticas en el ámbito laboral, al parecer llega un punto en el
cual se convierte en procedimiento y es amparado
por la ley. Esta práctica no es legal.
A nivel público, un servidor de
una dependencia municipal es responsable de emitir las licencias o permisos de
construcción dentro del distrito asignado. Este servidor, a su vez, depende de
un comité que aprueba los proyectos presentados y delega al servidor la emisión
de la licencia respectiva.
Hasta aquí se observa una
estructura procedimental formal y común, aparentemente legal: el servidor
cumple con su obligación sin conocer mayor detalle de los sustentos que
acompañan y legitiman dicha aprobación. Él se limita únicamente a un oficio de
aprobación que le genera un comité que supuestamente ha evaluado dicho
proyecto. Mientras tanto el comité también cumple con los procedimientos de
evaluación que se deben aplicar al proyecto presentado y aparentemente todo
estaría dentro del plano legal. Lo que nadie puede saber, aparte de los
miembros del comité y el servidor encargado de la emisión del permiso, es que
el proyecto evaluado y calificado no cumple con los debidos estándares de
seguridad mismos, que han sido alterados previamente para que el comité cumpla
con su calificación y, a cambio, el propietario del proyecto cubre externamente
a los integrantes del comité con un reconocimiento monetario depositado en sus respectivas cuentas bancarias.
Otra forma muy común y
generalizada son las estafas que se producen al Estado por parte de los mismos
servidores públicos, a cargo de los Comités de Licitación de Bienes y
Servicios. En estos también se podría observar el estricto cumplimiento de
procedimientos y la absoluta legalidad de lo actuado; sin embargo, el resultado
final de la obra ya terminada, es deficitaria.
Aquí el modus operandi
utilizado es bastante suigeneris porque, en efecto, se cumple con los
procedimientos de aprobación y se actúa en legalidad, pero se acaba
beneficiando al menos calificado, para todos los observadores y auditores que
evalúen lo actuado. No cabría la más mínima duda de que el comité actuó conforme
al procedimiento y no existiría elementos que motiven a la controversia sobre
lo actuado. Lo que no se puede evidenciar es lo que está por fuera de la
estructura procedimental y legal, no se presta ni siquiera a especulación. Es
aquí donde realmente se gestiona suspicazmente a quiénes serían los
beneficiarios de la oferta ganadora.
La habilidad de la malicia es
ilimitada. Un proceder es que, de forma previa al llamamiento a concurso para
presentación de las ofertas de prestación o dotación de bienes y servicios, los
miembros del comité hábilmente realizan los respectivos contactos con los
prestadores de servicios que estén dispuestos a someterse a las condiciones
adicionales que se exigirían para ser calificados como ganadores de la oferta.
Estas condiciones se manejan de forma reservada y a nivel externo, totalmente a
través de personas independientes que realizarían su trabajo para beneficio de
los miembros del comité.
Las condiciones previas que los
oferentes deben cumplir para ser considerados, se circunscribirían al
reconocimiento de pagos de valores a los miembros del comité, valores
porcentuales al costo del proyecto a licitar (por ejemplo, el 10 % de la
cuantía total) distribuido equitativamente a los miembros del comité y al
reconocimiento adicional de un porcentaje (ejemplo el 1 % de la cuantía total)
que serviría para cubrir otros costos de gestionamiento y que, por lo general,
se distribuyen con el resto de personal de la cadena de atención, personal que
se encarga de dar ejecución a la autorización del comité. El pago se realiza
mediante depósitos bancarios a las cuentas respectivas de los miembros del
comité.
Es interesante en este caso
valorizar los beneficios recibidos para la calificación previa por parte de los
miembros del comité, por ejemplo, si se trata de una oferta de Bienes y
Servicios para la construcción de una carretera de cien kilómetros que uniría
dos poblados, a cinco millones de dólares por kilómetro construido, el 10 %
sería de cincuenta millones de dólares a repartir a cinco miembros del comité;
es decir diez millones por miembro. No cabe duda de que la cuantía es demasiado
interesante como para doblegar a cualquier persona.
Es esta la razón de que las
nominaciones que los gobiernos centrales ejecutan para los representantes —a
nivel del sector público— son estratégicas y obedecen a obligaciones con dichas
personas, más que a calificación por sus capacidades. Incluso a este nivel
mismo se aplica el procedimiento de los comités de calificación de ofertas
públicas.
Todas las posiciones públicas
responden a la compra de dicha representación, los concursos de merecimientos
se dan para escalafones inferiores como: técnicos, secretarias, choferes etc.,
es decir, todo aquel personal de base sin autoridad.
Continuando con la casuística de
corrupción, están también las prácticas internas a las dependencias estatales,
el tráfico de influencias a través de la cual se «trabaja» con recomendaciones
emitidas por las autoridades a cambio de que se aprueben contrataciones
temporales para determinado personal que, por lo general, es relacionado
directa o indirectamente con la autoridad que lo recomienda. De esta forma se
ingresa personal clave para la cadena de corrupción, pues, son personas que
gestionarán las prácticas que los comités de aprobación ejecuten y den
viabilidad discretamente a las mismas.
Como se puede observar, el sector
público no está cumpliendo con su función de servicio, trabaja exclusivamente
para el beneficio de los intereses de personas sin escrúpulos que someten a la estructura
al cumplimiento de sus objetivos personales.
Otra práctica común se da también
en el sector petrolero, la licitación de campos para la producción petrolera
del estado por parte de compañías externas internacionales. Aquí es —a lo
mejor— donde más beneficio se obtiene por parte de quienes participan de los
comités de licitación y las cadenas de gestión que los acompañan. Bajo el mismo
procedimiento de aprobación de ofertas, se licitan los campos a quienes
previamente han cumplido por fuera con los requerimientos o exigencias del
comité para ser considerados como ofertantes del servicio de producción y explotación.
La diferencia aquí está en las cuantías millonarias que los beneficios de
licitación otorgan a los miembros del comité de aprobación, razón por la cual
estos se reservan única y exclusivamente a las más altas esferas de autoridad
gubernamental, incluido —claro está— la presidencia y vicepresidencia. El
porcentaje reconocido a los miembros del comité es el 3 % de la cuantía del
contrato y un 1 % exclusivo para la presidencia. Para ejemplarizar los mantos
del beneficio a percibir, pondremos como ejemplo la licitación de la oferta
para la producción de un yacimiento que en la actualidad ha generado una
producción promedio de 10.000 barriles de petróleo WTI diarios, siendo el
contrato por cuatro años o lo que es igual a 1460 días, catorce millones
seiscientos mil barriles a un precio internacional de US$50 barril, un total de
730 millones de dólares. De esta cuantía total de contrato, las compañías
interesadas en participar previamente deben cubrir veintidós millones de
dólares a ser distribuidos en las cuentas personales de los miembros del comité
(cinco millones por miembro) esto tratándose de un solo contrato, si hablamos
de que se ofertan veinte contratos ya se puede imaginar la cuantía de beneficio
que cada representante percibirá por esta causa.
A nivel de tercer mundo existen
acuerdos a través de los cuales, por concepto de producción petrolera, el
Presidente del estado recibiría el 1 % de la producción total que se realice,
esto es algo que se practica pero que es un secreto que se mantiene en reserva
lejos de la opinión y el conocimiento público, pero que las compañías —o mejor
conocidas como petroleras— deben cumplir por la preferencia en la consideración
que se les ha otorgado por parte de la máxima autoridad del estado. Si hablamos
—por ejemplo— de una producción total de 200.000 barriles día, a un precio
internacional WTI promedio de US$50, el beneficio día de la producción para la
máxima autoridad sería de US$100.000 por día, mismos que se depositan a las
cuentas bancarias personales que —por lo general— se mantienen en bancos
extranjeros.
Para todos quienes lucran de una
representación en el sector público, les debe significar una aberración todo
acto de beneficio producto de los negociados que se realizan, pero esto no
sucede en la realidad, ya que lo ven como la oportunidad de su vida y así
resulta, ya que, una vez posesionados de forma inmediata y voluntaria
encontrarán la manera de lucrar indiscriminadamente, asociándose a las cadenas
de corrupción existentes. De cualquier manera, tratan de involucrarse.
Para los niveles inferiores de los
escalafones de autoridad la cosa es menos riesgosa, pues —como ya se manifestó—
están respaldados por la estructura de procedimientos existentes y basta con
hacerse de la vista gorda para continuar siendo útil a los propósitos
superiores; los beneficios son menores pero continúan siendo importantes, puede
que no en millones pero sí en miles, cuadruplican y quintuplican su ingreso
mensual muchas veces, a cambio de su silenciosa pero eficiente gestión y la
respectiva reserva.
Quien no participa de las cadenas
de corrupción no es de interés para la función y, por el contrario, representa
un riesgo latente. Por lo cual, más temprano que tarde es separado y
catapultado a la desocupación.
En el sector privado no es del todo diferente, las empresas —lejos de ser
realmente productivas— se han convertido en lavadoras de recursos monetarios
provenientes de actividades ilegales, por no citar directamente la actividad y
dejando a la imaginación del lector, quien se dará cuenta por sí solo. Los
dineros ilícitos pasan al sistema financiero como producto de actividades
lícitas, como resultado de la actividad productiva
Especialmente en el tercer mundo,
el sector empresarial privado se capitaliza con recursos provenientes de
actividades ilegales en un proceso de «blanqueamiento de capitales», donde los
dueños y directivos de las compañías se prestan a dicho propósito a cambio de
acceso a la liquidez tan requerida para la constitución de sus centros de
producción. De esta manera las empresas nacen apalancadas y se desarrollan de
forma inversa a la lógica de producción, a través de la cual se fija la
capacidad de generación de utilidades y se deriva los gastos necesarios para el
cumplimiento de estas.
Esta es la forma brillante por
medio de la cual —incluso los gobiernos— sostienen sus planes de generación o
creación de puestos de trabajo, motivando o protegiendo la inyección de
capitales ilegales al circulante interno de su economía.
Aquellos tiempos en los cuales las
empresas se constituían a través de patrimonios familiares y se desarrollaban
gracias al esfuerzo inteligente y decidido de sus propietarios quedaron atrás,
hoy en día Juan Piguave de la noche a la mañana instala una megaempresa y da
utilidades de inmediato. Claro está, cubre con todas sus obligaciones
tributarias y patronales, colaborando con la generación de fuentes de trabajo
tan requeridas para los menos favorecidos.
Podría entenderse como loable lo
realizado por estos empresarios, pero su propósito de legalización de recursos,
provenientes de actividades ilegales, los descalifican. Esto es corrupción.
Lamentablemente, el sistema
financiero se presta para estos propósitos aparentando legalidad, pero en
realidad son captadores secundarios de recursos ilegales para inyectarlos
directamente a la economía y, de esta forma, completar el proceso de
blanqueamiento de fondos.
Como se puede observar, el Sistema
es corrupto y, de una forma u otra, obliga a que sus integrantes se corrompan.
Esta es la realidad, no hay espacio en este sistema para quienes no sean parte
o estén de acuerdo con su proceder. La corrupción, por tanto, ya es parte
formal de la producción de los estados, no se puede hablar de desarrollo y se
profundiza el sub desarrollo. La tarea no está
en la humanidad, sino en la dignificación de esta, confrontando las ataduras
existentes que los esclavizan a procesos denigrantes.
Notas:
(1) Corrupción: se entiende como:
«...Acción efecto de corromper. Alteración o vicio en un libro o escrito. Fig.
Vicio o abuso introducido en las cosas no materiales»
(2) Acción Inhumana: todo aquello
que, haciendo uso de la fuerza, viola los derechos de la o las personas. Actos
de abuso de autoridad y prepotencia por sobre una persona o grupo de personas.
(3) Ser Inferior: relativo a ser
alguien de menor importancia excluido de la protección de derechos legales.
Acción practica de abuso premeditado que reduce a una persona o grupo de
personas a un estado de ilegalidad a través del cual el accionante. Por lo general, pretende someter a estos para su
propio beneficio.
(4) Blanqueamiento: relativo al
proceso a través del cual los capitales que provienen de actividades ilegales
son ingresados al circulante monetario de un sistema financiero formal.
(5) Apadrinar: relativo a la
acción de respaldo y/o cobertura que realiza una persona o grupo de personas
para beneficio tanto del protector como del protegido.
(6) Desconexión: relativo a la
acción de separación a través de la cual se corta el normal flujo de
intercambio racional.
(7) Avivados: relativo a aquella
persona o grupo de personas que pretende sacar beneficio para si de algo que es
un beneficio general.
(8) Rumiar: acción del ganado a
través de la cual procesa su alimento, que, a nivel de personas, se entendería
como el trabajo realizado por un empleado en lugar de cumplir con su obligación
laboral.